Uper al alma

El boxeo y su drama; relatos de amor, poder y miseria

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Sunday, May 28, 2006



La costosa fama


A pesar de haber terminado con cuatro cortes en el rostro, por algunos cabezazos y la potente mano derecha de Rosendo Alvarez, Ricardo López se convirtió en doble campeón por decisión dividida.

Pedro Díaz G. /Enviado


LAS VEGAS, 13 de noviembre.- Ahí está, sentado y con la cara hinchada y sangrante. No habla. Solloza. Apenas se mueve. Recibe las felicitaciones, los regalos, los besos en la mano, los abrazos de su padre y cada aplauso en este, el vestidor del ahora doble campeón mundial.
Ricardo López confía: “Yo sé que mañana me van a regañar todos. Porque no quise ir tras Saman Sorjaturong y sí en cambio deseaba a Rosendo. Me la debía. Me dijeron, además, que boxeara más, que guardara la distancia, que me cuidara. No hice caso. Lo que yo quería era sentir la metralla. Y a eso salí: a batirme. Nadie puede imaginar lo que han sido las últimas horas en mi vida: todos me regañaban, ya no sabía ni qué hacer. La pelea peligraba y lo decidí: tomé el riesgo. Sí, me duele. Pero más que el cinturón, lo que me tiene feliz es haberlo vencido...”
Nadie le acerca un espejo.
--¿Cómo estoy?
--Bien. Están aparatosas pero no son nada; pronto sanarás... –le susurran, casi al oído, sus colaboradores.
--Con esto has pasado a la historia. Esta pelea culmina una parte de tu gran trayectoria en el boxeo mundial –grita en cambio Sulaimán--. Y eso sí. Nunca más en peso paja.
--Nunca más, don José. Gracias.
Vuelve a sumirse en ese letargo prolongado, cierra los ojos. Medita. Pómulos y cejas abiertas, reza.
--Extraño este Finito –vocifera Don King, entre risas--. Se persigna ante Dios, pelea como Diablo y manda a sus rivales al purgatorio.
Es campeón, sí, por duplicado. Pero en su rostro se lee: ha pagado el precio.
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Desde el primer asalto Ricardo López sale con la convicción de golpearse y pelea de frente a pesar de los fuertes golpes de Rosendo Alvarez y las advertencias de su esquina. Domina Ricardo sin problemas con envíos al dos por uno. Así, hasta el tercer asalto. Pero a partir del cuarto, la diferencia de peso se comienza a notar. Calculo aproximado: seis kilos, seis kilos y medio de diferencia. Los pocos golpes que conecta Rosendo, por lo mismo, son durísimos y comienzan a destrozar la piel del campeón. Vendrá un corte, el primero, por cabezazo en el quinto asalto.
No hubo ni advertencia ni sanción para Alvarez, quien, aun sin gran técnica se ve fuerte, lo está. La cara del mexicano sufre los estragos. Y la inflamación continúa deteriorando los pómulos hasta abrirse en los asaltos siguientes hasta que, con golpe de derecha a la ceja izquierda, en el noveno, Rosendo corta nuevamente y inicia un feroz ataque.
En el décimo asalto Ricardo sale a descansar. Baja la guardia, junta los codos, cubre las zonas blandas, y trata de escabullirse de los golpes pero no lo logra: el nicaragüense aprovecha y con potentes combinaciones lo atrapa en la esquina. Destellos de peligro. Aulla la tribuna. Un centroamericano de nítido humor negro y evidente insensibilidad grita a su compatriota: ¡pégale con la fuerza de Mitch!
Rosendo Alvarez, lo sabe: la parte final del combate es su oportunidad cuando las acciones se han emparejado: dos asaltos al ritmo del décimo y Rosendo podría vencer, pero el mexicano “con puro pinche corazón”, dirá más tarde, sale a repartir golpes; los recibe. Su cuerpo todo es una entintada masa sanguinolenta. El doctor habla con Richard Stelle y el réferi está atento: peligra el combate. Entran los golpes de Ricardo, precisos, certeros, pero sin fuerza. La diferencia es evidente. “Termina y la pelea es tuya”, le advierte su manager, Ignacio Beristáin. “Cuida tu distancia”. No lo hace, y es el último asalto un ritual de emociones conjuntas: gritan aficionados de ambas naciones. Pelean entre ellos; manotean. Es mejor el estilo como mejor también es la técnica del Finito. Suena la campana. Inicia un largo alarido y al que sigue la ovación.
Aún cuando fue dominado en los últimos tres asaltos, Ricardo no dejó de tirar golpes. Eso le dio el triunfo.
Las puntuaciones: 113-115 Rosendo; 116-112 y 116-114, para Ricardo
“No hay duda: la propondremos en el CMB como la pelea del año”, dice José Sulaimán.
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No protesta ni Rosendo Alvarez ni su equipo.
--Ha sido una muy buena pelea ante un gran campeón --dice--. Me tiene muy satisfecho haber podido brindar este espectáculo, pero no pierdo la esperanza de ganarle: iré ahora por el campeonato OMB (que obtuvo Ricardo en 1997 al vencer a Nene Sánchez, pero lo desechó) y pienso que en el futuro volveremos a vernos.
Se van los peleadores.
Algunos quedan aún sentados en las butacas del teatro del hotel casino y aplauden. Levanta el brazo Finito mientras, lentes oscuros, se escabulle, adolorido, devastado, en busca de lo que vendrá: una nueva etapa en la categoría minimosca.
Dice antes de partir:
--...Nomás sigo rompiendo récords. En poco tiempo voy a cumplir 14 años invicto. Y eso nadie lo ha logrado jamás. Nadie.

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