Uper al alma

El boxeo y su drama; relatos de amor, poder y miseria

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Location: México, D.F., Mexico

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Thursday, June 08, 2006


Se emociona uno tanto

Evoca Pepe Morales:
Morales: "Una vez, recuerdo, tenía mucha fe, mucho cariño por un muchachito. Tanto, que cuando perdió lloré. Ahí mismo, en el cuadrilátero..."


Pedro Díaz G./ III y última

Atrás quedaron la huerta de plátano, los cocotales.

Obligadamente.

La vida, entonces, se tornó urbana. Mucho tiempo ha transcurrido desde que dejó con la familia entera las raíces en Tuxpan. Se apoderaron los Morales --don José, su padre, doña Juanita Ramos, y sus hermanos Anita y Luis Antonio--, de una ciudad en pleno desarrollo; colaboraron en él.

Ahora, 40 años después, Pepe Morales pasa los días acompañado de sus tres hijos; el rostro se le ha poblado de surcos, es más delgado ya el que antes fuese atlético cuerpo.

--...Ya estoy viejo --se conforta con serenidad.

No lo parece, el buen ánimo inamovible.

--...Pero por lo mismo le digo a Lalo, el menor de mis hijos, al único a quien le atrajo el boxeo: "Ya ni yo con mi edad y tan cansado. Yo sí me levanto temprano; y tú sigues dormidote al mediodía".

Quiso ser peleador Lalo Morales.

Lo fue, en cierto sentido: entrenó, heredó en la práctica algunos de los sabios consejos que tienen hoy a José Antonio Aguirre como campeón mínimo del Consejo Mundial de Boxeo. Disputó algunos combates. Ganó.

Pero también cayó abruptamente una noche en la que su padre, al verlo, decidió: no más. Esto es un deporte, no un juego, le dijo, ciertamente molesto y, entonces, "lo retiré".

Estuvo a la espera del campeón, Lalo Morales en la sala E del aeropuerto, aquel domingo 13 de febrero y dirigió la primera de muchas porras a José Antonio.

--...Le hubiera gustado vivirlo más de cerca --revela don Pepe--, me confesó esa noche, cuando todo acabó: los amigos, los gritos, las felicitaciones, las cámaras, las entrevistas. "Hubiera seguido entrenando", decía y se imaginaba al lado de su amigo, porque sí, se llevan bien, en las calles de Bangkok, siendo su sparring. Se imaginaba, estoy seguro, en el mismo lugar que Toño, con el cinturón en las manos.

Pero no.

No pudo ser.

Perlan cristalinas gotas de sudor los torsos, impregnan camisetas. Hace calor.

--¿Y Lalo?

--Es muy buen boxeador, pero también un huevón, y lo corté, lo retiré. Todas sus peleas las había ganado por nocaut. Nueve. Y dos las perdió así, igual. Pero la última, la más importante: al rival, un sparring de Ricardo López, lo tenía down, dominado totalmente: lo corta, en el primero, en el segundo lo tumba y en el tercero pierde mi hijo. Fue falta de condición; le ganaron por pararse... Y le dije: "no, estás mal. ¿Tú crees que Toño es tonto porque a las cinco o seis de la mañana ya está corriendo?, ¿y tú eres muy fregón porque a las diez todavía estás echado?, noooo, esto es duro. Y es más, yo me siento mal cuando pierdes. Cuando ganas, qué a todo dar, pero cuando pierdes, ahorita, como no eres nadie, presumen: ya le gané al hijo de Pepe Morales , no a Lalo Morales. Así es como sucede". Además, él trabaja en un banco, tiene muy buen puesto, así que le dije "mejor allá quédate, allá no te van a lastimar. Imagínate: ¿qué sentiría yo de que un día te dieran un golpe muy serio, siendo que estoy en esto del boxeo y sé muy bien de lo que se trata?"

Duele. A ambos.

--...Si no te vas a entregar, para qué te metes a un deporte tan riesgoso como este. Le dije: "Mira, si yo que ya estoy viejo y cansado, aún así me voy a dar clases bien tempranito. Y me siento a gusto porque es mi trabajo. Nooo, señor: esto no es para huevones".

"Véte por las tortillas"

--...Te dolía más el trancazo que te dabas en la espalda que el golpe que te daba el rival. De plano. En cambio ahora, nadamás mira, en qué gimnasios los tenemos.

Otea Morales el segundo piso de Viaducto y Xola, gimnasio Lutteroth. A la entrada, una estrella en la puerta anuncia el vestidor del campeón; fotografías diversas. Trofeos, síntesis metálicas del esfuerzo.

--Mira a esta niña: ¿cuándo a una niña la veías hacer sombra? Nunca. Que véte por las tortillas, que pónte a hacer la comida; que ayúdales a tus hermanos... Eso era antes. Ahora no.

Más de una hora permaneció José Antonio Aguirre como testigo incólume de la ceremonia previa a su combate con Chareon. Le acercó una silla su manager, Pepe Morales, para que descansara. Ya bastante largos habían sido los recorridos entre ciudades, consabido truco que utilizan --entre tantos otros--, los promotores para beneficiar al púgil local. Y luego, la pelea.

Supo que era campeón, José Antonio, hasta que el réferi se acercó a él; levantó su mano. Lo felicitó.

Wandee Chor Chareon no había logrado asombrar a los jueces. La gente, al saber la decisión, ovacionó, con cierta reticencia, al nuevo monarca. Fue en los últimos cuatro asaltos cuando el castigo al cuerpo generó ventajas. Chareon se mostraba agotado, ya sólo recibía.

La clave fueron los rounds finales: después del 8 ó 9, el mexicano empieza a golpear abajo, merma la condición física. Acaso falta contundencia, constancia en los golpes al rostro, pero el castigo al cuerpo es aliado en el triunfo.

También tuvo que esperar, para acabar con su angustia, el manager Morales. Y, tras el anuncio: --...Se siente a todo dar escuchar aquello.. Sobre todo con la incertidumbre, el temor... El primer juez, a favor de Toño, el segundo, a favor del otro. ¡Híjole!, y el tercero... para ¡Toño¡ Afortunadamente. Yo espero, de verdad, y se lo pido a Dios: que siga siendo el mismo de hace unas semanas.



Lenta fábrica de triunfos

Cuando José Morales acompañó a Oaxaca a Vicente Saldívar, para debutarlo como profesional, su etapa como peleador había quedado atrás. Sería manager, pensó, pero para comenzar, antes, debía dedicarse a second, ayudante del entrenador --segundo puesto en el escalafón--. Así, conoció al manager Pancho Rosales y al entrenador Adolfo Negro Pérez. Y a trabajar.

Cuatro décadas pasaron. Cuatro. --...Por eso me molesta cuando hablo de las traiciones que se suceden en el boxeo. Porque una cosa es lo teórico y otra lo práctico: no cualquier güey va a venir a enseñar, y, lo peor, es que muchos lo hacen: por eso ahora no hay tantos chiquillos en los gimnasios, como antes, porque los malos managers conllevan a la crisis del boxeo: no hay tantos boxeadores como debería de haber. Un muchachito que ya peleó ocho rounds, ya sabe de qué se trata. O cree que lo sabe y de pronto se cambia de manager. Qué sucede, es como cuando te cambias de escuela: llegas a sexto año, pero ¿dónde haces la preparatoria, dónde la carrera profesional? Definitivamente, el muchacho, muchas veces, la riega.

De las envidias entre mismos compañeros, también habla José Morales.

--Cuando regresé de Managua, iba yo a entrenar aquí, en México, a otro peleador que era campeón del mundo: pero hubo tantos problemas como desgraciadamente en nuestro ambiente los hay: mucha gente que en lugar de ayudar, desayuda. Una persona le dijo a ese campeón del mundo, "¿tú para qué quieres un entrenador?, ya con que te den diez y tiempo , ya con eso es suficiente... y no tienes que pagar mucho dinero; a mi págame eso, y yo te ayudo..." y entonces el campeón ya no quiso aceptarme. Y en la primera pelea que tuvo, en Mérida, le quitaron el campeonato. ¿Verdad que es algo que no se debe hacer?



¡Y se caían!

El pugilismo es cuestión de personalidad, de estrategia, de aprendizaje, de técnica. Muchos, muchísimos me dirán que no pero a mí nunca me enseñaron el gancho al hígado; y ahora los jóvenes saben tirarlo desde amateur. Antes no. Ayer el peleador que jabeaba bien, que era vivo, tenía ya una gran cosa, porque todos eran fajadores. O sea que Kid Azteca tiraba buen gancho al hígado, pero más por instinto. Ahora que lo veo tengo la seguridad de que su gancho izquierdo era defectuoso, ¡pero lo pegaba y se caían! En estos días, el ejercicio de los boxeadores es mucho mayor. Ahora son más técnicos y más preparados, pero una cosa muy importante, en contra: hay más libertinaje que antes. No había tantas drogas, tantos excesos. Entonces se cuidaban más.

Imaginemos. ¿Tú viste pelear a Cassius Clay? ¿o a Muhamed Alí?, porque fueron muy distintos. Dime, para qué le hubiera servido Mike Tyson a Cassius Clay... ¡Para nada!, ¡para nada!.. Todo va cambiando. Mira qué costales. Antes había unas perotas. Y entonces habiendo costales aunque no hubiera peras. Los rings... yo llegué a pelear en el puro suelo, sin lona y sin nada, y las cuerdas eran de mecate. De veras. Y mira nomás qué bonito tienen las niñas aquí...



Ahí, a la orilla del ring

Tuvo dos campeones mundiales en el pasado, Pepe Morales: Isidro Pérez y Mauricio Aceves, ambos en la OMB.

Pero es hasta ahora que puede disfrutar de estos momentos, con un monarca del Consejo.

--...Se emociona uno tanto. Quiere uno tanto a un boxeador. Piensa uno: éste sí llega a la cúspide. Híjole, un día sentí bien gacho: con Juanito Ramírez. Fue campeón nacional de peso pluma: un muchachito muy fuerte, parecía un pesista, un luchador. Entrenaba en Zaragoza, en el gimnasio Las Américas, hace ya muchos años. Y ahí Salvador Banda, un peleador que teníamos, le ganó. Y entonces se picó y se vino con nosotros y ya entrenaba bien bien. Bien. Era fuerte, muy fuerte: veloz, rápido. Ya boxeaba, unos conejotes que tenía, y se hizo campeón nacional, y después peleó con Eduardo Guerrero, y que lo noquean. No me acuerdo si en seis o siete rounds. Y sentí horrible. Lloré. De verdad, ahí mismo, en el cuadrilátero, lloré...

Pero la vida da dos oportunidades. En ocasiones: --Después, se cuidó tanto que regresamos al año y recuperó el campeonato. Se lo dejó, más tarde, al propio Vicente Saldívar (4 de febrero de 1964: nocaut en dos sobre Ramírez. Vicente defiende el título nacional ante el mismo Guerrero, con éxito, vence a Ismael Laguna, en Tijuana y se apresta para enfrentar a Ultiminio Ramos. Será campeón del mundo).

Morales: --...Fíjate cuántos años tengo en esto y sigo viendo que muchos se desaniman. Yo no. A mí me gusta tanto el boxeo que siempre me verás trabajando aquí, y ahora hasta entrenando a niñitas. Y a mis discípulos, a los que preparo como si fueran boxeadores. Y los pongo a boxear, también... Una dama de ellas, una mujer preciosa, la esposa de uno de los muchachos que entreno, pero de verdad muy bonita, muy delicadita, una dama de sociedad, dice que le gusta más el boxeo que los aeróbics y a mí nomás me gana la risa: increíble, ¿no?

Es noche. De a poco se vacía el gimnasio entre ronroneo de automóviles que devoran la avenida. Prepara su salida el manager. Diseña ya el nuevo amanecer.

"Me casé a los 20. Por eso no me dedique mucho a boxear. Tenía responsabilidades y a veces el deporte no te dejaba el dinero suficiente. Yo admiro a Toño porque tiene 23 años y es solterito. No, yo tuve desde entonces la responsabilidad a cuestas: los niños, la familia, la esposa. El es muy centrado, muy tranquilo, muy calmadito..."

Es su campeón. Y José Morales, hombre de negro bigote, perseverante, quien le enseñó a serlo.

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