Uper al alma

El boxeo y su drama; relatos de amor, poder y miseria

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Thursday, June 08, 2006


"Que no se les suba": Pepe Morales

De prospectos se va llenando la vida de estos fabricantes de triunfos. “Él sí la va a hacer, éste sí será campeón del mundo”, se convencen alguna mañana ante un jovencito con habilidad, estilo; y trabajan denodadamente, día tras día. Le ven madurar. Esperan

Pedro Díaz G. / I


Una vez su esposa le reclamó: "Oye, ese boxeador parece hijo tuyo; ni a tus hijos los atiendes tanto como a ese muchacho".

Refleja nervios, ansiedad, satisfacción, ilusiones tantas veces compartidas, años transcurridos esta sonrisa que se dibuja en la morena faz de Pepe Morales, una tarde en donde se mezclan el sonido de los golpes sobre peras y costales, y el ronroneo de automóviles en la calzada de Tlalpan: gimnasio Salvador Lutteroth.

...Es por la idea que tiene uno como entrenador, "éste la va a hacer. Éste va a ser campeón del mundo", pensamos al verlos. Y muchas veces uno se desanima. Yo he tenido muchos prospectos, muchos...

Y ahora un campeón del Consejo Mundial de Boxeo, por primera vez en su historia: José Antonio Aguirre, que este viernes defiende el título mínimo. Se entrega a la evocación el manager que regresó de Tailandia con un cetro conseguido a fuerza de tenacidad al vencer al tailandés Mongkol Chareon, allá donde los fallos localistas son una constante, temible. Insospechada. Muchas veces tramas de impotencia.

Entrenan mujeres en los gimnasios de boxeo, en los días que corren. Y hay distracciones, también.

¡Luego platican! ordena el manager a un joven que interrumpe con coquetería a Socorro Torres, la dama sumergida en movimientos de sombra, rectos, jabs... Regresa Morales a la charla, luego de una mirada fugaz, dura, correctiva... Hay algo que siempre he alabado en Toño: que es obediente. Que cumple. Ojalá que no cambie. Yo se lo dije a su regreso del descanso, después del viaje: ahora sí, ya te divertiste, ya cumpliste compromisos. Una vez regresando, le seguimos con redoblado esfuerzo. Ahora, más que antes. Para que dure el sueño. Yo le pido de verdad a Dios que no cambie, que no se le suba la fama ahora que es campeón del mundo.



Cuerdas de mecate

Nació en 1935.

El 2 de enero se disputa la revancha esperada, pero no la saborea Henry Armstrong: el Huracán Jack vuelve a ser derrotado por la gran clase de Babe Arizmendi, quien gana por decisión en 12 rounds, y conquista el título "Mundial, México-California", de peso pluma. Triunfan en las canchas de futbol los once hermanos, del Necaxa. Invictos, goleadores. Crece el pequeño José Morales entre bates de beisbol, canastas de baloncesto... Pero es el boxeo el que le arrebata: "llegué a pelear en el puro suelo, sin lona y sin nada, y las cuerdas eran de mecate. Allá, en mi tierra, cuando cursaba el sexto año de primaria di mis primeros golpes boxísticos. Había otros deportes, como el rey, el beisbol, que se juega mucho. Yo lo practiqué y fui buen pitcher. Jugué futbol y era bravo para pegarle al balón, pero cuando conocí el pugilismo, ah, entonces sí: se me hizo más fácil, por mi temperamento, creo yo".

Transcurre con precisión casi divina cada minuto en el gimnasio Lutteroth, entre fotografías que recuerdan la época de los inicios, y el sudor de decenas que acuden a su cita diaria, convencidos.

Dale vuelta a la pera indica el manager: repitiendo jab, uno dos, vuelta abajo y finta. Alrededor de la pera, sin pegarle...

Y continua, después de una pausa breve. No pierde de vista cada movimiento de sus pupilos.

Me empezó a gustar el boxeo y ahí comencé a pelear, en Tuxpan, y ya después me fui a Ciudad Madero, a Brownsville, a Houston.

Conocía ya desde que eran pequeños, vecinos de barrio, a Alicia Garay, entonces su novia.

Pero un día, la familia entera tuvo que emigrar. Algunos amigos en la colonia Industrial podrían recibirles, y allí fue que mandaron, en comisión, al pequeño adolescente para saber de qué se trataba esa región a la que llamaban La Capital de la República. Vino José Morales al Distrito Federal, se reunió con el amigo recomendado: Luis Rodríguez, y regresó diciendo: "son gente a todo dar, los de esa colonia. Nos va a ir bien".

Era apremiante retirarse de Tuxpan. Los fortísimos huracanes que azotaban la zona por septiembre se temían desde que a principios de los cuarenta hubo una inundación en donde la ciudad terminó prácticamente sumergida por tres semanas, y desde entonces los Morales pensaron en dejar la tierra.

Decidió emigrar don José Morales, su padre. Vendió cocoteros y platanales, patrimonio familiar. Y el destino fue la ciudad de México; transparente, idílica, prometedora.

...Y entonces sucedió algo extraño. Como allá en Tuxpan era un puerto en donde llegaba de todo el mundo cualquier cantidad de productos, se le ocurrió a mi padre traer telas para vender. Telas de todos tipos. Y pusimos lo que en casa llamábamos un cajón: una tienda de casimires y eso. En 5 de Febrero y Regina, antes de llegar a Izazaga. En un local, pues entonces no había ambulantes. Y ahí, en esa calle, existían muchas sastrerías. Muchas. Pusimos el negocio, pegó. Y de ahí salió. De ahí...



Como señorita

Regresan púgil y manager al cotidiano trajinar. Atrás han quedado los homenajes que llevaron a Antonio Aguirre, entre otras cosas, a ser distinguido como ciudadano ejemplar en Cárdenas, Tabasco, donde nació hace ya 24 años. Ahora viene lo bueno, dice José Morales: Yo espero de verdad, y se lo pido a Dios, que Toño siga siendo el mismo de hace unos meses. Que se olvide de las invitaciones. Claro que es muy buena la publicidad, pero no toda la gente obra bien. Ahora es cuando debe poner más atención al gimnasio; más que antes. Si ayer te cuidabas como una señorita, le dije, ahora con mucho más razón. Como una monja, quizás.

Se desplaza lo mismo este hombre alrededor de sus muchachos que entre los pasillos hacia el baño, en donde exprime una jerga, limpia cierta parte de la entrada, atiende a visitantes y atreve, entre inagotables cavilaciones. ...Desgraciadamente uno les da consejos y muchas veces no los oyen. Dicen: no, a mi no me va a ir como a aquel. Y qué bueno, que en principio les interese la comparación, pues les cuenta uno la historia de Chango Casanova, de tantos que tuvieron fama y fortuna y terminaron muy pobres. "Aquel sí, pero yo no", dicen. Y no nos creen, se dicen prevenidos, pero no: les pasa. Se llenan de amigotes y luego andan bien fregados. Hay que acabar con las invitaciones, le dije. Porque distraen. Todo mundo quiere salir en la foto con el campeón, sí; pero ¿a ver?, yo me pregunto: ¿por qué todos esos que tanto le anduvieron trayendo de aquí para allá, no le hicieron la misma bulla cuando era un peleador de seis rounds, o cuando salió campeón del Cinturón de Oro? Ah, porque el campeón luce, es símbolo de éxito, trae dinero... y todos quieren estar a su lado.

Por ello abandonó don Pepe aquella tarde martes 15 de febrero el salón de un hotel capitalino, en donde un grupo de policías festejaba a José Antonio.

...No les beneficia en nada andar presentándose en diversos lugares, fiestas aquí, programas de televisión allá, porque, aunque la publicidad es buena, eso no hace a nadie boxeador. Los saca de su realidad, que es el gimnasio: la dedicación. La entrega.



Comía mejor que yo

Historias de abandono, de traición, de pirateo, son relatos cotidianos entre los interesados por el pugilismo.

"Muchos dejaron o han dejado de ser campeones, por traidores, por gachos, por malagradecidos. Mira una cosa: no sé si seas muy amigo o no del Mago González, pero creo que fue una pendejada haber dejado a Carlos Rosales como manager para la pelea que tenía con Óscar De la Hoya. Había un problema, es cierto, pero yo, con un poquito de inteligencia, dejo a mi manager en su esquina hasta después del combate. Y ahora sí: ya lo derroté, cada quien por su lado. ¡Pero ya le gané!... ¿para qué lo dejo justo frente a la mejor oportunidad de mi vida, donde, por otra parte, había muchísimo dinero? No. Primero consigo mis metas; después ya veremos. Porque no es lo mismo estar escuchando durante cinco años una voz, un tono uniforme en las indicaciones, y luego oír otra cosa. Si hasta ahorita me ha ido bien, ¿qué caso tiene cambiar? Primero se hubiera coronado. Ya luego lo demás.

En ocasión de los regalos navideños, Pepe Morales no sabía qué obsequio dar a uno de sus amigos, que se desenvuelve en otro ámbito, mucho más reservado que el del pugilismo. Decidió por un guante de boxeo, que el hombre tiene sobre su escritorio, en la oficina. Me lo regaló el manager del futuro campeón del mundo solía decir a quien con extrañeza observaba tan inusual objeto.

A su regreso de Tailandia, fue Morales a verle. Ahora sí, ahora puede decirlo. Ya tengo un campeón del mundo. No ha sido fácil. No. Por el contrario. Hay momentos en los que pareciera que todo es en vano.

Su propia experiencia tiene tintes trágicos. De dolor.

...A veces te desanimas. Siempre ha habido desagradecidos, y aunque digan que uno es un chillón y todo eso, es la verdad: no todos los managers somos unos jijos de la fregada. Una vez, empecé con un muchacho de Michoacán, y lo vi yo tan pobrecito que le dije: "vente a mi casa. Y órale, ahí habrá comida y eso..." Al rato, se cambiaba más que yo; comía mejor que yo. Mi esposa pegaba de brincos. Y yo lo defendía, "pues pobre muchachito, míralo", le decía... Bueno, para no hacerlo largo: ¡me robó! Se llevó hasta lo de la renta; una licuadora... Y me dijo Adolfo el Negro Pérez: no lo hagas; me lo recomendó mi esposa. Y ahí voy, tiempo después: uno de Puebla. Igual. Y luego uno del De Efe. Pero sigo. Y qué le haces: si así somos. De confiados. De ilusos. Qué le vamos a hacer.

Julio, 2000





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