Uper al alma

El boxeo y su drama; relatos de amor, poder y miseria

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Monday, May 29, 2006


Será de nocaut

De nueva cuenta dos púgiles mexicanos se disputan la mejor posición en el mercado de valores. Con ligera ventaja parte favorito Erik Morales sobre Marco Antonio Barrrera

Pedro Díaz G.

Dos mexicanos por la supremacía.

Este 19 de febrero Erik Morales y Marco Antonio Barrrera tendrán por fín la pelea que tanto han esperado: la que defina cuál de los dos es el mejor supergallo del planeta.

--...¡Será de nocaut! --atreve el manager Lupe Serrano.

--El combate será muy fuerte, pero yo le veo cierta ventaja a Erik Morales --declara, por su parte, el manager y presidente de la agrupación de managers Gruma, Enrique Hernández.

Como las funciones que antaño llamaron la atención de otras generaciones --aquellos encuentros entre Carlos Zárate y Alfonso Zamora; o, después, Rubén Olivares y Chucho Castillo--, el enfrentamiento que se realizará en Las Vegas presupone una épica batalla.

--Me tiene miedo --solía decir Marco Barrera ante la oposibilidad de enfrenatrse a Erik.

--Pide mucho dinero --respondía el púgil de Tijuana, campeón mundial por el Consejo--; además, el que estrá rehuyendo el combate es él. Quiere un millón de dólares...

Finalmente las partes cedieron y el combate pactado está. ¿Qué pasará?

Hernández:

--Creo que será un combate muy interseante, como los que se han dado en diferentes epocas. Es una pelea natural entre los dos mejores supergallos en el mundo pero creo que Erik tiene cierta ventaja, por su estatura, por su calidad y por una circunstancia espevial: el haberse enfrentado a más retadores y de mayor calibre que su rival. Esas defensas y esos resultados le servirán de experiencia, le darán, sin duda, la seguridad necesaria para ganar.

Habrá también que hablar de méritos, pues en el sector disciplina ambos púgiles marchan a la vanguardia.

--Sí, en ese sentido tiene más méritos Erik Morales, pues su cinturón, el verde del Consejo Mundial, es mucho más complicado conseguirlo. Erik lo ganó ante un gran campeón, Daniel Zaragoza; en cambio, el título de la OMB de Barrera es, digamos, de más fácil acceso. Además cuentan mucho también las defensas que ha hecho Morales. Siempre con retadores de primera línea.

Lupe Serrano comenta:

--Sinceramente la pelea es dura para los dos; pero yo pienso que el que va a ganar será Morales, proque tiene una pegada superior a la de Barrera. No pienso que él aguante el tren de pelea de Erik que, además, tiene una mano derecha que es una centella. Barrera maneja muy bien su gancho izquierdo, abajo y arriba, pero considero que será insuficiente.

Hernández:

--Erik ha ido creciendo. Es un muchacho disciplinado y eso, en el boxeo, es lo primero. Técnicamente estoy a a favor de Erik.

Serrano:

--Expectación por dos mexicanos, la hay. Y por supuesto que hay que reconocer que Barrera es muy buen peleador, pero la época, el mejor momento, es decir, el apogeo es, en este momento, de Morales. Es un chico entregado a su deporte. Con disciplina, que es la base principal. Lo que sí hay que reconocerle a este muchacho Morales, es la gente que lo maneja. Lo está llevando muy bien. Lo proyecta en todo el mundo y sin duda con Bob Arum llegará a grandes alturas pues ese promotor y Don King son lo mejor que hay para los peleadores en el mundo.

Trabajan sin descanso lo managers.

Enrique Hernández lo hace en el Gimnasio Latinoamericano, en Fray Servando y Circunvalación. Este sábado tiene a uno de sus prospectos como integrante de la semifinal en la arena Coliseo: Javier Torres se enfrenta a Jorge Godinez en peso mosca a diez asaltos --en la función que encabezan Agustín Luna y Paulino Villalobos--, pero su prioridad está en los puños de Gabriel Mira, un peleador con elq ue tiene ya varios años trabajando y muchas esperanzas de futuro. Entre ellas, el que este año pudiese disputar el título mosca del CMB.

Lupe Serrano, quien a enfrentado a sus pupilos ante Barrera y Morales, concluye:

--Será muy interesante. Pero de algo estoy seguro: es una pelea de nocaut. Y no dura arriba de los ocho asaltos...

Sunday, May 28, 2006


“Ya no parecemos grúas...”


Muchas cosas se suceden en torno al deporte del boxeo que, sin duda, más huella física deja en sus practicantes: y son, qué ironía, los que menos de él obtienen
Pedro Díaz G./ Enviado

Sydney.- De seis, cinco.
Con serenidad responde Vicente Borrego Torres.
--...Nadie creía en nosotros. Sólo los que estábamos, día a día, trabajando juntos.
Hijo de Vicente Torres --también apodado Borrego y cuya historia inició allá, en los Baños Avenida, en donde pasó sus días compitiendo con el resto de los managers, como Pancho Rosales; no tuvo, sin embargo, un buen peleador que le sacase del casi doloroso anonimato--, el entrenador de la selección nacional de boxeo, hace un análisis de la actuación en Sydney. Relato de injusticias, malos tratos. Desdén, de pronto, hacia el deporte.
--Tienen mis niños las becas más pequeñas de toda la delegación. Y ya ves: cinco de seis.
Conforta Borrego Torres a Daniel Ponce de León: “tú diste una gran lección de lo que debe hacerse en un combate así, peleando contra el mejor del mundo al tú por tú”; mesa el lacio cabello del pupilo que regresa a México hacia un futuro incierto. Agrega, fijando la vista ante la insistencia del reportero, que ha preguntado a cuánto ascienden los apoyos económicos.
--...Se hizo un estudio y yo lo único que les dije es que quería que el boxeador ganara más que ninguno, por ser el dpeorte que más daño físico sufre. Porque cualquiera corre, cualquiera salta. Pero no cualquiera se sube a romper el alma a un cuadrilátero.
--Y por justicia, don Vicente: es la disciplina que más medallas ha conseguido en nuestra historia de nuestro deporte.
--Claro. Pero no ha habido un dirigente que sepa pelearlo. ¿Me entiendes? Es el dirgente el que debía salir a luchar por los boxeadores...
--Ricardo Contreras...
--Un buen federativo, eso es lo que necesitamos. Que le haga entender a la gente que maneja el dinero. Tú como presiente tienes la obligación de buscar recursos y que el deporte esté bien; aquí no: el boxeo es el más pateado de toda la historia; y, ¿en México?, que ha sido el de más logros...
De seis, cinco.
Vicente Torres, volvió –luego de una década de no haber estado ahí— al frente de los púgiles olímpicos, en febrero de 1997. Trabajó con un grupo de pequeños, los de hoy, como con otro grupo de pequeños trabajaba hacia el futuro. El nuevo grupo, los que vendrían, se ha desintegrado.
Y los jueces...
--¿Es que en el boxeo ayudan a sus figuras?
--Siempre. Ya ves a Liborio cuántas veces le pasó con Maikros Romero, el cubano: arriba del ring manda el mexicano sobre el campeón olímpico, pero las decisiones se van para el otro lado.
¿Le sorprende, lo que han hecho sus muchachos?
--No. yo lo dije al salir: no llevo un equipo sobrado; llevo un equipo competitivo que ya se da con cualquiera. Ganando o perdiendo. Se podrá ir para un lado o para otro el resultado, como con Daniel Ponde de León, que trajo arrugado al campeón del mundo, pero ya tienen con qué darla. Antes salías, te tocaban y pa´l suelo. Ya parecía uno grúa andar jalando gente del piso. Y pasar a la segunda ronda ya era un triunfo. Y tú ve ahora la presencia que está mostrando el equipo de México en el ring. Joven. Yo se los idje desde allá: cualquiera que nos toque es duro, pero también cualquiera de los míos que les toque al resto; pregúntale al ucraniano si le hustaría volverse a enfrentar a Ponce.
--¿Y el nuevo grupo, profesor?
--No, pues ya se fueron. Desanimados se fueron a su casa; teníamos gente que podía ir al Mundial. No los van a mandar y desilusionados regresaron. Ahorita teníamos gente que, como Raúl Castañeda, lleva tres mundiales junior: uno subcampeón y dos oros. Y se va todo apachurrado, el pobre, que es de La Paz...
--Qué desánimo, profesor...
--...Pues, ¿cómo no te va a desanimar. A mí y a ellos; este chico se me acercó y me dijo: “ya vio, profe, tantos años de estar aquí entrenando. Ya ve que a Liborio le comenzaba a dar, me mandan a mi casa de regreso”...
De los cambios en el torneo habla este hombre a quien polémico le dicen sus autoridades deportivas:
--No sé a quién se le ocurren tantas cosas. Si en el boxeo ya todo está inventado. Primero hicieron cinco asaltos de dos minutos, cuando eran tres de tres. O sea: aumentaron de nueve a diez minutos cada pelea. Y vieron que los mundiales eran kilómetricos. Y dijeron ya no... Que tienen que subir sin orejeras, y luego de nuevo se retractaron. Hubo un tiempo en que los mayores tenían cinco rounds y los juveniles tres de tres, y era un relajo porque tenías que rediseñar, cambiar todos los programas de entrenamiento. Ahora se uniformó: cuatro de dos. Inventan lo ya inventado. El boxeo se tiene que ir corrigiendo conforme la efectividad: no ves que ahora paran por 15 puntos de diferencia... Y se ve horrible que desde una mesa te detengan el combate. Antes el réferi decía que el boxeador tenía superioridad manifiesta después de doce golpes, y eso se usaba desde años ancestrales. Se ve más feo que la pares de la mesa: porque no ves la pelea sino la computadora. Creo que falta gente con conocimiento. En los altos mandos, en nuestro país...
--Daniel Ponce, profesor... ¿Se va del amateur?
--Eso es cosa personal. Ellos ven que los años se van. Ojalá se pudieran quedar, porque están muy chavitos. Eso les serviría mucho... Mucho. De seis, cinco. No está mal.
--¿Te vas, Daniel?
Responde, nada cabizbajo, el único mexicano derrotado de primera ronda:
--No lo sé; sólo Dios sabe...



La costosa fama


A pesar de haber terminado con cuatro cortes en el rostro, por algunos cabezazos y la potente mano derecha de Rosendo Alvarez, Ricardo López se convirtió en doble campeón por decisión dividida.

Pedro Díaz G. /Enviado


LAS VEGAS, 13 de noviembre.- Ahí está, sentado y con la cara hinchada y sangrante. No habla. Solloza. Apenas se mueve. Recibe las felicitaciones, los regalos, los besos en la mano, los abrazos de su padre y cada aplauso en este, el vestidor del ahora doble campeón mundial.
Ricardo López confía: “Yo sé que mañana me van a regañar todos. Porque no quise ir tras Saman Sorjaturong y sí en cambio deseaba a Rosendo. Me la debía. Me dijeron, además, que boxeara más, que guardara la distancia, que me cuidara. No hice caso. Lo que yo quería era sentir la metralla. Y a eso salí: a batirme. Nadie puede imaginar lo que han sido las últimas horas en mi vida: todos me regañaban, ya no sabía ni qué hacer. La pelea peligraba y lo decidí: tomé el riesgo. Sí, me duele. Pero más que el cinturón, lo que me tiene feliz es haberlo vencido...”
Nadie le acerca un espejo.
--¿Cómo estoy?
--Bien. Están aparatosas pero no son nada; pronto sanarás... –le susurran, casi al oído, sus colaboradores.
--Con esto has pasado a la historia. Esta pelea culmina una parte de tu gran trayectoria en el boxeo mundial –grita en cambio Sulaimán--. Y eso sí. Nunca más en peso paja.
--Nunca más, don José. Gracias.
Vuelve a sumirse en ese letargo prolongado, cierra los ojos. Medita. Pómulos y cejas abiertas, reza.
--Extraño este Finito –vocifera Don King, entre risas--. Se persigna ante Dios, pelea como Diablo y manda a sus rivales al purgatorio.
Es campeón, sí, por duplicado. Pero en su rostro se lee: ha pagado el precio.
XXXXXXXXX
Desde el primer asalto Ricardo López sale con la convicción de golpearse y pelea de frente a pesar de los fuertes golpes de Rosendo Alvarez y las advertencias de su esquina. Domina Ricardo sin problemas con envíos al dos por uno. Así, hasta el tercer asalto. Pero a partir del cuarto, la diferencia de peso se comienza a notar. Calculo aproximado: seis kilos, seis kilos y medio de diferencia. Los pocos golpes que conecta Rosendo, por lo mismo, son durísimos y comienzan a destrozar la piel del campeón. Vendrá un corte, el primero, por cabezazo en el quinto asalto.
No hubo ni advertencia ni sanción para Alvarez, quien, aun sin gran técnica se ve fuerte, lo está. La cara del mexicano sufre los estragos. Y la inflamación continúa deteriorando los pómulos hasta abrirse en los asaltos siguientes hasta que, con golpe de derecha a la ceja izquierda, en el noveno, Rosendo corta nuevamente y inicia un feroz ataque.
En el décimo asalto Ricardo sale a descansar. Baja la guardia, junta los codos, cubre las zonas blandas, y trata de escabullirse de los golpes pero no lo logra: el nicaragüense aprovecha y con potentes combinaciones lo atrapa en la esquina. Destellos de peligro. Aulla la tribuna. Un centroamericano de nítido humor negro y evidente insensibilidad grita a su compatriota: ¡pégale con la fuerza de Mitch!
Rosendo Alvarez, lo sabe: la parte final del combate es su oportunidad cuando las acciones se han emparejado: dos asaltos al ritmo del décimo y Rosendo podría vencer, pero el mexicano “con puro pinche corazón”, dirá más tarde, sale a repartir golpes; los recibe. Su cuerpo todo es una entintada masa sanguinolenta. El doctor habla con Richard Stelle y el réferi está atento: peligra el combate. Entran los golpes de Ricardo, precisos, certeros, pero sin fuerza. La diferencia es evidente. “Termina y la pelea es tuya”, le advierte su manager, Ignacio Beristáin. “Cuida tu distancia”. No lo hace, y es el último asalto un ritual de emociones conjuntas: gritan aficionados de ambas naciones. Pelean entre ellos; manotean. Es mejor el estilo como mejor también es la técnica del Finito. Suena la campana. Inicia un largo alarido y al que sigue la ovación.
Aún cuando fue dominado en los últimos tres asaltos, Ricardo no dejó de tirar golpes. Eso le dio el triunfo.
Las puntuaciones: 113-115 Rosendo; 116-112 y 116-114, para Ricardo
“No hay duda: la propondremos en el CMB como la pelea del año”, dice José Sulaimán.
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No protesta ni Rosendo Alvarez ni su equipo.
--Ha sido una muy buena pelea ante un gran campeón --dice--. Me tiene muy satisfecho haber podido brindar este espectáculo, pero no pierdo la esperanza de ganarle: iré ahora por el campeonato OMB (que obtuvo Ricardo en 1997 al vencer a Nene Sánchez, pero lo desechó) y pienso que en el futuro volveremos a vernos.
Se van los peleadores.
Algunos quedan aún sentados en las butacas del teatro del hotel casino y aplauden. Levanta el brazo Finito mientras, lentes oscuros, se escabulle, adolorido, devastado, en busca de lo que vendrá: una nueva etapa en la categoría minimosca.
Dice antes de partir:
--...Nomás sigo rompiendo récords. En poco tiempo voy a cumplir 14 años invicto. Y eso nadie lo ha logrado jamás. Nadie.


“Nos vimos obligados”: Sulaimán


Demasiados buenos detalles para Rosendo, quien de nuevo no dio el peso

Pedro Díaz G./ Enviado

Las Vegas, 13 de noviembre.- ¿Se hace o no se hace?
La pregunta se repetía una y otra vez.
Fue difícil la noche y no se llegó a ningún acuerdo; la realización de la pelea se decidió no a la una y media de la tarde, como se había anunciado, sino más de una hora después.
Las anomalías de este combate han sido muchas.
Rosendo Alvarez, quien no dio el peso en la ceremonia oficial, y no intentó darlo después (“porque se me cerró el cerebro y ya no supe qué hacer; una báscula que teníamos en el cuarto nos traicionó pues no estaba bien nivelada”), recibió, sin embargo, una suerte de posibilidades que sonaban como un premio a la irresponsabilidad.
--Nos vimos obligados a aceptarlo –dice el presidente del Consejo, José Sulaimán--, pues estaban en juego muchas cosas: la bolsa, tantísima gente involucrada en la función: televisoras, aficionados, empresas promotoras. Pero ahora me siento más orgulloso que nunca de Ricardo, porque demostró que es un profesional. Que él vino a pelear y no a otra cosa... Y estoy feliz porque el Consejo no tuvo problemas; los que fallaron fueron los de la AMB. Nuestro campeón fue totalmente responsable. Y fue él, además, quien salvó la función.
La salvó. Cierto.
Pero a qué costo.
Ricardo López, en determinado momento de la discusión, fue inclusive amenazado por la Comisión Atlética de Nevada, en palabras de su director ejecutivo, Mark Ratner, con suspenderlo un año de toda actividad boxística en Las Vegas, en caso de no aceptar la pelea.
--...Cosa que no hubiésemos permitido de manera alguna –aclara el presidente del Consejo Mundial--. Porque Ricardo cumplió.
--Pero es él quien ha sido presionado para aceptar el combate aun cuando el villano de la historia es su rival.
--Tanto como presionado, no. Ricardo durmió bien, comió bien. Eso sí: nunca lo había yo visto tan demacrado al subir a la báscula. Le voy a aconsejar que, pase lo que pase, no vuelva a pelear jamás en peso paja.
Y es que en esta ocasión los extremos han sido graves. Rosendo, en una actitud que no corresponde a un campeón mundial, se sobrepasó con tres y media libras (“diferencia que no había visto sino en pesos welters, comenta Carlos Avilas, jefe de relaciones públicas del Great Western Forum, de Los Angeles). Ricardo, acaso excedido por su manager, Ignacio Beristáin, subió con libra y media menos que el peso oficial. Cadavérico.
--Ricardo está muy flaco, don Nacho.
--No, no. El está bien. Su entrenamiento ha sido el óptimo....
Sin embargo, casi cinco libras de diferencia, son muchas.
Por eso:
La desventaja en peso era lo que reclamó, en todo momento, don Magdaleno López, padre del campeón, y a quien Ricardo obedece sin reclamo. “Si él dice que peleo, lo hago; si no... No”
Dijo don Magdaleno no en un paternal arranque de responsabilidad y preocupación y era él obstáculo a vencer. Se le hablaba de razones económicas. De pérdidas millonarias, de afectación masiva. Titubeaba.
Le convencieron. Dice:
“Fueron muchas cosas las que se discutieron, y muchas horas hasta las dos de la mañana de ayer, cuando Ricardo por fin se fue a dormir, pero ya se decidió que se realice la pelea. Yo estoy inconforme. Y muy molesto, porque Rosendo Alvarez no tuvo ni siquiera la intención de bajar el sobrepeso. Le deberían aplicar una multa. Actúa como si nada le importara. Y mi muchacho expone mucho. Sí. Pero la pelea se hace...”
Fue hasta esta mañana que las cosas comenzaron a arreglarse gracias a la presencia del promotor del peinado estrafalario y la vozarrona estridente: Don King. Hasta que él llegó, el panorama fue aclarándose.
--¿Fue determinante la presencia de King para que esto llegase a buen término?
--Sí, sin duda --responde Sulaimán.
La llegada del promotor despertó los instintos protectores de los enormes guardias de seguridad del hotel, que le siguieron a cada paso hasta la arena (el Teatro del Hilton), en donde, con dirigentes deportivos, Rosendo López y sus representantes, huyeron de los medios de comunicación, bajaron al sótano, entraron a un cuarto y le pesaron. Los guardias dijeron a cámaras, micrófonos y grabadoras, hasta aquí: unos metros afuera.
Vendría, entonces, otra concesión más para el nicaragüense: 113 eran las libras acordadas. No las dio. Nuevamente.
--Pesó 114 –trascendió en rumores que se multiplicaban con insistencia.
--Sí –lo confirma Sulaimán--. Pero entonces, en otro intento porque la función siguiera, se pensó en la opción de que Ricardo se pesara (en privado) y, en caso de que la diferencia fuese de más de cuatro libras, la pelea se cancelaba. Pero no: pesó 112 y eso ya está más parejo.
--Y entonces, don José, aquel avance en los reglamentos. Aquella decisión de que el pesaje se realizara un día antes para protección del boxeador... ¿No es esto un retraso?, ¿un rompimiento de las reglas?
--No. ¿Se imagina usted si el pesaje se hubiese hecho hoy mismo, en el día de la pelea, y sucede todo esto: se cae la función.
De algo estoy seguro, dice José Sulaimán:
--Rosendo tuvo miedo de enfrentar a Ricardo en su propio peso. Por eso su actitud: no le importaba nada. Tenía más bien ganas de regresar a su país.
--¿Y no es mucho exponer a Ricardo a una derrota injusta?
--Sí, estoy de acuerdo, sería una derrota injusta. Pero si Rosendo gana, no gana nada.
--Claro que sí: derrotaría al campeón.
--Pero su título no está en juego. Y sabe qué; yo pienso que esto va a ser como una versión de aquella segunda pelea entre Sugar Ray Leonard y Roberto Durán (el panameño dijo “no more”, no more” y el réferi, Richard Steele, en pleno intercambio de golpes, declaró el fin de la pelea ante el desconcierto generalizado. Después argumentaría dolores en el estómago). Eso. Así creo que va a terminar este combate.
Y Rosendo, con la autorización de su manager Roberto Garibaldi, quien le dice, “a la prensa mexicana lo que quiera”:
--Me siento muy lastimado. El perder mi título me tiene triste.
--¿Qué pasó, entonces?
--Es que la báscula que utilizamos en el cuarto nos engañó.
--Pero ni siquiera hiciste el intento por bajar el sobrepeso.
--Es que en ese momento se me cerró el cerebro y/
No más. Cuando el nicaragüense comenzaba a explicar su historia, Luis Spada, su apoderado, le jaló del brazo y prácticamente le arrastró por los pasillos del hotel; se lo llevó.
--...Señor, permítanos un minuto.
--No, tiene que descansar.
--...Un par de preguntas no le cansarán.
--Que no.
--Gracias, señor, es usted muy amable.
--Como usted se lo merece.
Ricardo, que en todo el día no bajó de su habitación, “porque se siente frustradísimo”, según cuenta Sulaimán, simplemente esperaba la hora del combate.
Del que muchos imaginaban desde ya como un cruel e injusto sacrificio.
La pelea se hace. Y todos felices.
¿Todos?
Aquí, en esta ciudad de sueños millonarios, un par de horribles lugares comunes.
El show debe continuar.
O:
Negocios son negocios.


“Estoy listo”: Finito

Dice Rosendo: me urge volver a casa...


Pedro Díaz G./ Enviado

LAS VEGAS, Nevada, 11 de noviembre.- Dentro del Night Club del hotel casino Hilton que para el mediodía convierte a sus alfombrados pasillos en un sitio de transitar constante, los dos boxeadores invictos argumentan, con plena convicción, que “esta será una pelea interesante. Disputadísima, pues lo que yo quiero es llevar a mi gente en Nicaragua un poco, solo un poquito de felicidad en estos momentos en que tanto sufre”... y: “lo único que puedo decir es que estoy listo”.
Anuncian los organismos mundiales su apoyo a la zona destruida por la naturaleza y se congratulan los púgiles. Los cinturones de campeón deberán ser ondeados, propone el nicaragüense, en honor a tantos hermanos muertos.
Rosendo Alvarez y Ricardo López son figuras principales en esta ocasión en la que el boxeo del mundo convoca a otra de sus celebraciones de alto nivel, ahora con la unificación de las coronas CMB y AMB.
Las Vegas.
El lugar en donde a todos gusta pelear, envueltos en la parafernalia que tiene en sus luces de colores el sello distintivo de la incandescencia y el éxito monetario.
Estos pequeños boxeadores no alcanzan, juntos, los cien kilogramos de peso. Y esta era, hasta antes de hoy, razón única para el desdén que los incluía en funciones en donde sólo fueron comparsa de las grandes peleas; las de peso completo, por ejemplo. No más.
Peleaban, generalmente, con la arena semivacía, e inclusive, a veces, ni la señal de televisión hacía la cobertura.
Pero ahora...
“Esto es un gran triunfo para el boxeo –dice Gonzalo López-Silvero, representante de la AMB--. Pero, sobre todo, para los peleadores latinoamericanos, ya que nuestros países producen una gran cantidad de pugilistas que, por ser de estructura biológica pequeña, no interesaban a los promotores ni al público estadounidense. Hoy han volteado la vista hacia Rosendo y Ricardo y esto habla de la calidad que poseen las categorías chicas. Y es cierto: yo he visto peleas de peso completo que son malísimas, mientras que los más pequeños logran, por su movilidad, por su técnica, verdaderas cátedras de lo que es el arte de boxear”.
--Yo pienso, sobre todo, que esto no es más que un homenaje, otro, para Ricardo López. Lo que este muchacho ha conseguido es de verdad impresionante –comenta ahora el titular de Consejo Mundial de Boxeo, José Sulaimán, que no termina de arribar a México desde la convención de Sudáfrica—pues significa que las grandes empresas promotoras confían en sus cualidades, en todo lo que ha triunfado, para poder no sólo llenar la arena sino vender el pago por evento y complacer a los aficionados. Claro, mucho tiene que ver el rival. Su calidad. Pero considero, sin duda, que este es otro récord que tendrá que apuntarse a la cuenta de Ricardo: nunca antes una pelea de peso mínimo fue designada como estelar. En Las Vegas.
Se miran de reojo apenas Ricardo (gorra negra sobre ese rostro limpio, delgado) y Rosendo (que no logra detener la mirada en un punto fijo y, de vez en vez, humedece el rostro con esas lágrimas que le recuerdan, c constantemente, el contraste con lo que sucede en su país).
No fanfarronean. Cautos, dicen respetar al rival. Y agradecen la oportunidad.
Ya lejos, dirán:
Ricardo: “Vengo preparado para todo, tanto que, inclusive, he pensado que si llego a perder podría significar, de una vez por todas, mi retiro...”
Rosendo: “...lo voy a masacrar, pues aunque ya olvidé aquella noche del 7 de marzo, donde me robaron la pelea, quiero tener algo de la gloria, mucha, que ha logrado el mexicano”.
Don King Productions y Showtime, presentan:
La revancha.
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La reunión se vuelve una especie de confesionario en donde cada uno de los elementos que integran la función tiene su turno al micrófono.
Y cada uno tiene su versión de la historia.
Christy Martin, por ejemplo, dirá que hace unos días la justicia estadounidense condenó a uno de sus amigos, “al que conozco bien, verdaderamente” por lavado de dinero y nexos con el narcotráfico, situación q ue “me tiene muy desconcentrada para enfrentar a Sumya Anani (en la preliminar que enfrenta a estas mujeres por los títulos de ambos organismos). Y no sólo eso: estoy tan molesta que el viernes no subiré enfundada en la bandera estadounidense. Serán las de México y la Gran Bretaña a las que represente, porque esa mala decisión de la justicia me hace sentir realmente avergonzada de mi propia patria”.
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"Yo quiero ser el mejor peso mínimo del mundo sin la menor duda y para eso voy a demolerlo a puñetazos”, atreve Rosendo Alvarez, un peleador que sabe que tiene las armas para vencer a quien se ha convertido en imagen ideal del boxeador moderno: ha acabado a sus rivales con su potente gancho de derecha, “que nadie puede contrarrestar”
--...Y me he olvidado del pasado y lo único que por lo que vivo es para vencer a ese ídolo en el que se ha convertido mi rival. Afortunadamente adquirí mi mejor estado físico, gracias a que la pelea se pospuso del 10 de octubre hasta ahora. Y voy a reafirmar que la primera pelea fue una victoria que me negaron".
Apodado "El Búfalo" por su fuerte pegada, Alvarez ha disputado 25 peleas, 17 de las cuales concluyeron antes del tiempo reglamentario, mientras que Ricardo López, también invicto, tiene 47 combates, 34 ganados por la vía del rival nocaut.
Rosendo quería ser beisbolista. Profesional.
--En ello soñaba cuando chico...
Pero el destino le deparó, como a tantos otros, una trama distinta. Se enroló a mediados de los ochenta en el ejército y la milicia lo llevó a conocer entonces el boxeo, de manera obligada.
--...Me di cuenta de que aquellos soldados que se metían a este deporte y que lograban triunfos, accedían a permisos que los otros no tenían: ir a casa, un fin de semana, por ejemplo. Fue por ello: por la nostalgia de la familia, por querer estar más con ellos, mis hermanos (Felipe y Ramón, ambos muertos ya, uno por accidente, el otro en el campo de batalla) y con mis hermanas (cuatro). Con mi madre. Por ello ingresé al boxeo. No por dinero. Las cosas fueron cambiando con el tiempo.
Supo Rosendo de lo que significan las situaciones extremas: no peleó, con la bayoneta al lado, pero sí visitó y abasteció las zonas devastadas por los disparos allá, cerca de la frontera con Honduras. Sabe, también, que su país se desmorona después de que un huracán le golpeó el rostro, como a toda Centroamérica, y lo dejó en un estado peor que cualquier guerra jamás imaginada.
Sabe del contraste. Camina por los lujosos andadores de los casinos y su eterno sonido de dinero fresco y observa, recuerda. Finaliza:
--...Lo que me urge es que llegue el viernes. Quiero subir, pelear, vencer, ser campeón por duplicado y regresar a casa, en donde tanto, tanto se necesita.